Los Dos Conejos de Tomás de Iriarte

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Los Dos Conejos

Por entre unas matas,
seguido de Perros,
no diré corría,
volaba un Conejo.
De su madriguera
salió un compañero y le dijo: – Tente,
amigo, ¿qué es esto?
– ¿Qué ha de ser?, responde,
sin aliento llego…
Dos pícaros Galgos
me vienen siguiendo.
– Sí, replica el otro,
por allí los veo…,
pero no son Galgos.
– ¿Pues qué son?
– Podencos.
– ¿Qué?, ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy Galgos;
bien visto lo tengo.
– Son Podencos, vaya,
que no entiendes de eso.
– Son Galgos, te digo.
– Digo que Podencos.
En esta disputa
llegando los Perros,
pillan descuidados
a mis dos Conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento,
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Fin de Los Dos Conejos de Tomás de Iriarte.

Moraleja

No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal.

Curiosidades sobre la vida y obra de Tomás de Iriarte

En 1771, tras la muerte de su tío don Juan de Iriarte, obtuvo el empleo de oficial traductor de la primera Secretaría de Estado, trabajo que ya conocía por haberlo desempeñado sustituyéndole a veces, debido a las ocupaciones de éste. La positiva valorización de su persona en los ambientes culturales favoreció que al año siguiente se le encomendara la dirección del periódico mensual Mercurio Histórico y Político. A pesar de que estuvo al frente del mismo sólo unos meses, intentó renovarlo, rechazando las habituales traducciones y dándole un aire de mayor originalidad. Llegó a dirigir once números, antes de dejar el puesto para acometer nuevas empresas, siendo reemplazado por José Clavijo y Fajardo, canario e ilustrado, próximo a la corte como él.

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