La Hormiga y la Pulga de Tomás de Iriarte

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Lee la fábula para niños La Hormiga y la Pulga de Tomás de Iriarte, comprende las enseñanzas de su moraleja final y descubre también alguna curiosidad sobre la vida y la obra de su autor, Tomás de Iriarte. Si quieres, puedes dejar que nuestro lector automático lea esta fábula para ti, disfruta gratis del placer de la lectura de La Hormiga y la Pulga.

La Hormiga y la Pulga

Tienen algunos un gracioso modo
de aparentar que se lo saben todo,
pues cuando oyen o ven cualquiera cosa,
por más nueva que sea y primorosa,
muy trivial y muy fácil la suponen,
y a tener que alabarla no se exponen.
Esta casta de gente
no se me ha de escapar, por vida mía,
sin que lleve su fábula corriente,
aunque gaste en hacerla todo un día.
A la Pulga la Hormiga refería
lo mucho que se afana,
y con qué industrias el sustento gana;
de qué suerte fabrica el hormiguero;
cuál es la habitación, cuál el granero;
cómo el grano acarrea,
repartiendo entre todas la tarea;
con otras menudencias muy curiosas
que pudieran pasar por fabulosas,
si diarias experiencias
no las acreditasen de evidencias.
A todas sus razones
contestaba la Pulga, no diciendo
más que estas u otras tales expresiones:
– Pues ya…, sí…, se supone…, bien…, lo entiendo…,
ya lo decía yo…, sin duda…, es claro…,
está visto: ¿tiene eso algo de raro?
La Hormiga, que salió de sus casillas
al oír estas vanas respuestillas,
dijo a la Pulga: – Amiga, pues yo quiero
que venga usted conmigo al hormiguero.
Ya que con ese tono de maestra
todo lo facilita y da por hecho,
siquiera para muestra,
ayúdenos en algo de provecho.
La Pulga, dando un brinco muy ligera,
respondió con grandísimo desuello:
– ¡Miren qué friolera!
Y ¿tanto piensas que me costaría?
Todo es ponerse a ello…,
pero… tengo que hacer… Hasta otro día.

Fin de La Hormiga y la Pulga de Tomás de Iriarte.

Moraleja

Para no alabar las obras buenas, algunos las suponen de fácil ejecución.

Curiosidades sobre la vida y obra de Tomás de Iriarte

Para el concurso de poesía que organizaba la Academia de la Lengua Española en el año 1780 escribió una égloga titulada La felicidad de la vida del campo, que respondía al tema propuesto por los académicos. Fue premiada la composición Batilo de don Juan Meléndez Valdés, profesor en Salamanca y mejor dotado que él para la poesía bucólica, quedando la suya en segundo lugar. Desagradó mucho esto a nuestro escritor, por lo que censuró la obra premiada en sus Reflexiones sobre la égloga intitulada «Batilo». Participó en la polémica Juan Pablo Forner que escribió un Cotejo de las églogas que ha premiado la Real Academia de la Lengua, en el que apoyaba el veredicto de los académicos y calificaba los versos de Iriarte de «mala prosa rimada».

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