El ratón y el gato de Tomás de Iriarte

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Lee la fábula para niños El ratón y el gato de Tomás de Iriarte, comprende las enseñanzas de su moraleja final y descubre también alguna curiosidad sobre la vida y la obra de su autor, Tomás de Iriarte. Si quieres, puedes dejar que nuestro lector automático lea esta fábula para ti, disfruta gratis del placer de la lectura de El ratón y el gato.

El ratón y el gato

Tuvo Esopo famosas ocurrencias:
¡qué invención tan sencilla!, ¡qué sentencias!…
He de poner, pues que la tengo a mano,
una fábula suya en castellano.
– Cierto, dijo un Ratón en su agujero,
no hay prenda más amable y estupenda
que la fidelidad; por eso quiero
tan de veras al Perro perdiguero.
Un Gato replicó: – Pues esa prenda
yo la tengo también… Aquí se asusta
mi buen Ratón, se esconde
y, torciendo el hocico, le responde:
– ¿Cómo?, ¿la tienes tú? Ya no me gusta.
La alabanza que muchos creen justa,
injusta les parece,
si ven que su contrario la merece.
– ¿Qué tal, señor lector? La fabulilla
puede ser que le agrade y que le instruya.
– Es una maravilla,
dijo Esopo una cosa como suya.
– Pues, mire usted, Esopo no la ha escrito;
salió de mi cabeza.
– ¿Conque es tuya?
– Sí, señor erudito;
ya que antes tan feliz le parecía,
critíquemela ahora porque es mía.

Fin de El ratón y el gato de Tomás de Iriarte.

Moraleja

Alguno que ha alabado una obra ignorando quién es el autor, suele vituperarla después que lo sabe.

Curiosidades sobre la vida y obra de Tomás de Iriarte

Al surgir una vez más la polémica entre los partidarios del teatro neoclásico y los tradicionalistas, Iriarte no vuelve a entrar en ella sino que colabora en la regeneración del mismo con la creación de nuevas obras. Escribe dos comedias que tienen como tema central la defectuosa educación de los jóvenes, y que cumplen con exactitud las normas de la preceptiva clasicista: El señorito mimado (1787) y La señorita malcriada(1788). La primera apareció en el tomo IV de su Colección de obras, y se representó con cierto éxito en 1788 en el coliseo del Príncipe de Madrid. La pieza fue bien acogida por los partidarios del estilo nuevo y la alabanza de Leandro Fernández de Moratín que la consideró «la primera comedia original que se ha visto en los teatros de España», compuesta según el gusto europeo de su tiempo. Escrita en versos octosílabos, trataba de los inconvenientes de una educación permisiva. La señorita malcriada, de tema similar y compuesta en la misma forma métrica, obtuvo también buenas críticas en su edición impresa de 1788, aunque el autor hubo de esperar hasta 1791 para verla representada. No se publicó esta comedia en la Colección de obras en verso y prosa recién aparecida, lo hizo en el tomo VII de la edición de 1805.

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