El Mono y el Titiritero de Tomás de Iriarte

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El Mono y el Titiritero

El fidedigno padre Valdecebro,
que en discurrir historias de animales
se calentó el cerebro
pintándolos con pelos y señales
que, en estilo encumbrado y elocuente,
del unicornio cuenta maravillas,
y el ave fénix cree a pie juntillas,
no tengo bien presente
si es en el libro octavo o en el nono,
refiere el caso de un famoso Mono.
Éste, pues, que era diestro
en mil habilidades y servía
a un gran Titiritero, quiso un día,
mientras estaba ausente su Maestro;
convidar diferentes animales
de aquellos más amigos,
a que fuesen testigos
de todas sus monadas principales.
Empezó por hacer la mortecina;
después, bailó en la cuerda a la arlequina,
con el salto mortal y la campana;
luego, el despeñadero,
la espatarrada, vueltas de carnero,
y, al fin, el ejercicio a la prusiana.
De éstas y de otras gracias hizo alarde,
mas lo mejor faltaba todavía,
pues, imitando lo que su Amo hacía,
ofrecerles pensó, porque la tarde
completa fuese y la función amena,
de la linterna mágica una escena.
Luego que la atención del auditorio
con un preparatorio
exordio concilió, según es uso,
detrás de aquella máquina se puso
y durante el manejo
de los vidrios pintados,
fáciles de mover a todos lados,
las diversas figuras
iba explicando con locuaz despejo.
Estaba el cuarto a oscuras,
cual se requiere en casos semejantes;
y aunque los circunstantes
observaban atentos,
ninguno ver podía los portentos
que con tanta parola y grave tono
les anunciaba el ingenioso Mono.
Todos se confundían, sospechando
que aquello era burlarse de la gente.
Estaba el Mono ya corrido, cuando
entró maese Pedro de repente
e, informado del lance, entre severo
y risueño le dijo: – Majadero,
¿de qué sirve tu charla sempiterna,
si tienes apagada la linterna?
Perdonadme, sutiles y altas Musas,
las que hacéis vanidad de ser confusas.
¿Os puedo yo decir con mejor modo
que sin la claridad os falta todo?

Fin de El Mono y el Titiritero de Tomás de Iriarte.

Moraleja

Sin claridad no hay obra buena.

Curiosidades sobre la vida y obra de Tomás de Iriarte

Tomás de Iriarte vino al mundo en el Puerto de la Cruz (Tenerife) el 18 de septiembre de 1750, en el seno de una familia de ascendencia navarra. Tuvo cuatro hermanos: Bernardo, Juan Tomás, Domingo y José. Allí pasó sus primeros años, hasta que en 1760 comenzó el estudio de la lengua latina en la villa de La Orotava, en el que colabora de manera activa su hermano capuchino fray Juan Tomás, hombre instruido en materias de Filosofía, Teología y Latín. En seguida pudo traducir a los principales autores y componía versos latinos con bastante soltura. Estos primeros años de la formación del poeta han quedado retratados en un documento manuscrito, redactado por el propio Iriarte en época posterior, que se titula Apuntaciones que un curioso pidió a D. Tomás de Iriarte acerca de su vida y estudios (1780).

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