El Manguito, el abanico y el quitasol de Tomás de Iriarte

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El Manguito, el abanico y el quitasol

Si querer entender de todo
es ridícula presunción,
servir sólo para una cosa
suele ser falta no menor.
Sobre una mesa, cierto día,
dando estaba conversación
a un Abanico y a un Manguito
un Paraguas o Quitasol.
Y, en la lengua que en otro tiempo
con la Olla el Caldero habló,
a sus dos compañeros dijo:
– ¡Oh, qué buenas alhajas sois!
Tú, Manguito, en invierno sirves;
en verano vas a un rincón.
Tú, Abanico, eres mueble inútil
cuando el frío sigue al calor.
No sabéis salir de un oficio.
Aprended de mí, pese a vos,
que en invierno soy Paraguas,
y en el verano, Quitasol.

Fin de El Manguito, el abanico y el quitasol de Tomás de Iriarte.

Moraleja

También suele ser nulidad el no saber más que una cosa, extremo opuesto del defecto reprehendido en la fábula antecedente.

Curiosidades sobre la vida y obra de Tomás de Iriarte

Asegura Cotarelo y Mori que Iriarte había comenzado a hacer algunas traducciones de apólogos de Fedro hacia 1777, aunque estas versiones no aparecieron impresas hasta diez años después («Traducción de catorce fábulas escogidas de Fedro»). Más adelante decidió hacer una colección de fábulas relacionadas con la profesión de las letras, que tituló Fábulas literarias, y que fueron editadas en la Imprenta Real en 1782. Obtuvieron gran éxito y dieron a su autor popularidad y renombre. Pero las censuras más o menos explícitas que había en ellas le enemistaron con mucha gente y hubo de participar en numerosas polémicas, como se verá.

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